“El escenario es el lugar elegido, complementario y necesario de nuestra vida. Es el terminal último de una labor individual constante y en continua evolución (la maravilla de las actuaciones públicas consta en que nunca una es igual a otra). Un pianista que sube al escenario quiere a su público, y sueña con que este amor sea correspondido, siempre. Nos nutrimos de esto, es un intercambio imprescindible para dar sentido a la vida que elegimos y porque no, también como desahogo de cierto narcisismo!”, sostiene el  prestigioso pianista italiano Doménico Codispoti quien debuta el martes 1 de junio en el Tercer Concierto de Abono de la Temporada  2010 de la Sociedad Filarmónica que  viene desarrollándose exitosamente en el Auditorio Santa Úrsula. Aquí un diálogo con el pianista.

Usted fue alumno de dos grandes pianistas. Primero su compatriota Bruno Mezzena  y luego en su etapa de perfeccionamiento el notable pianista español Joaquín Achúcarro ¿cuál ha sido el mayor aporte de cada uno de ellos en su carrera?

Debo mi formación a Bruno Mezzena, que durante mucho tiempo en su clase (entré a los 10 años) me ha transmitido el profundo respecto de la partitura, la cultura de los detalles en un acercamiento casi religioso a la Música, legado de su Maestro (el grande Arturo Benedetti Michelangeli)  y quizás uno de los signos distintivos de la escuela italiana. El periodo de estudio con Joaquín Achucarro fue otra etapa de mi vida musical, coincidiendo con mi exploración del mundo musical fuera de Italia y en cierto modo “autorizando” una mayor libertad y una innata y más “mediterránea” forma de sentir la Música, base para una rediscusión personal y mayores  perspectivas. Una búsqueda que nunca acaba, en la cual todo contribuye a la formación de una personalidad propia, resultado de una gran variedad de elementos e infinitas combinaciones y posibilidades de elección, porque un músico no puede ni debe ser copia de otro, evidentemente.

Ser convencido, con honestad y sinceridad musical tanto como de sentimientos, para poder convencer  es una frase que recuerdo siempre. Me gusta pensar que el crecimiento como músico es inevitablemente relacionado (quizás, consecuente) a la maduración como persona, y en este proceso tanto las experiencias musicales como las extra musicales, como pueden ser los periodos de vida en diferentes contextos geográficos y culturales, son de importancia fundamental.

Usted comparte su labor concertística con la docencia. ¿En cuál se las dos facetas se siente más a gusto o le son complementarias?

Hay enorme placer y necesidad en ambas. El escenario es el lugar elegido, complementario y necesario de nuestra vida. Es el terminal último de una labor individual constante y en continua evolución (la maravilla de las actuaciones públicas consta en que nunca una es igual a otra). Un pianista que sube al escenario quiere a su público, y sueña con que este amor sea correspondido, siempre. Nos nutrimos de esto, es un intercambio imprescindible para dar sentido a la vida que elegimos y porque no, también como desahogo de cierto narcisismo!  De otro lado, poder observar el proceso de desarrollo musical de los más jóvenes, intervenir poniendo dudas y sugiriendo alternativas, alargando el espectro de opciones o – mas importante – despertando emociones escondidos tras las notas de un pentagrama y tras apariencias más o menos conscientes, es algo de valor igualmente inestimable. La gratificación en restituir entusiasmo por una partitura, en permitir que la música sea satisfacción personal antes que mero trabajo, en conseguir que no le se tenga “miedo” al piano y al enfrentarse al público, es un premio enorme. Lo bonito es que todo esto sigue siendo un intercambio, un enriquecimiento recíproco, ya que el tener un referente nos obliga a poner siempre en discusión los propios convencimientos, actualizarlos y evolucionar, cuando es necesario.

Leyendo varios comentarios acerca de sus actuaciones, encontramos elogios que lo señalan como uno  de los artistas “más cálidos, elegantes y musicales”;  intérprete de “sonido poderoso y rotundo, poseedor de una técnica arrolladora y de auténtico sentido poético”…  ¿Cuánto de estudio, sacrificio y tenacidad e imagino horas de estudio hay detrás para lograr ese resultado  en escena?

La componente de “profesionalidad” es imprescindible, tanto como el talento y el corazón, que sin ella serian como un coche sin gasolina. Esto se traduce obviamente en horas de estudio, en una constancia de empeño necesaria a traducir una emoción o una idea musical de la mejor forma posible. Allí empieza la “lucha” entre el instinto de empujar hacia los limites y levantar el “asta” de nuestro salto, y la conciencia que este proceso se dirige hacia el aislamiento, esta “torre de marfil”, aquel exilio dorado en el que muchos artistas se cierran. Considero personalmente que un justo balance entre el vivir intensamente el propio mundo interior y respirar la vida social, observar el mundo hecho de relaciones humanas y consciencia social es una obligación para un músico, sobretodo en nuestros tiempos. No quiero confiar en la autosuficiencia, no me identifico en la imagen del artista solitario y alienado, dejo estas sensaciones a ciertos momentos más íntimos en frente del teclado, donde en silencio se saborea la fuerza de emociones únicas, se llora, se sufre, se exulta de felicidad. Conseguir que la vida sea una obra de arte, meta y sueño de muchos, pasa – en mi opinión – por la capacidad de saber cómo compartirla con la gente, con el mundo, en muchos sentidos que van más allá de la perfección estilística o técnica de un pasaje. Finalmente, creo que es una cuestión de calidad de horas, más que de cantidad, y que el cerebro nunca sea desconectado del alma.

En su próximo concierto en Lima usted dedica su programa a Schumann y Chopin, dos compositores de quienes se celebra el bicentenario de su nacimiento. ¿Fueron los aniversarios la principal razón para elegir el repertorio?

Fue efectivamente una “asistencia” muy agradecida, me ha permitido concentrar más tiempo en una oferta musical que me permitiese explorar ulteriormente el mundo de los dos compositores a los cuales quizás tengo más cercanía. Es una suerte poder elegir dentro de un repertorio donde cada uno encuentra inevitablemente empatía con unos compositores, con su forma de sentir la música, de escribirla y vivirla, que permite expresarse de la forma más auténtica. Este es el caso, para mí, de los dos Grandes que homenajearé en este recital.

Respecto a la interpretación que usted hace de “Kreisleriana” de Schumann se destaca que su  “arte tiende hacia la introspección y nos muestra la faceta más contemplativa y profunda de unos autores de apasionada intelectualidad como puedan ser Chopin, Liszt o Schumann…

Kreisleriana es obra emblemática, impactante y extremadamente “personal”. Mezcla de genio, intimidad, lógica estructural y puro instinto irracional. Una obra muy amada por el mismo Schumann y dedicada a Chopin, donde el juego entre Florestan y Eusebius (los dos alter ego de Schumann) se encuentra en una de sus más altas realizaciones, y permite una participación emotiva fuera de lo común tanto al intérprete como al público. Extremadamente inspirada y pasional, pero también enigmática, con Kreisleriana establecí una relación de inmediata empatía, aunque ha llegado en mi repertorio más tarde que otras de Schumann. Es una obra para pianistas, además, pensando al auténtico placer que representa “perderse” en una partitura tan densa, que se revela poco a poco y se transforma en médium poderoso de exploración sonora y emotiva.

Robert Schumann siempre se sintió atraído por el tema del recuerdo de la infancia. Tres colecciones de piezas nos lo muestran en esa búsqueda una de ellas es  Escenas Infantiles op. 15 (Kinderszenen op.15)…

El mismo escribió que se trataba de música que hablaba de niños, no de música para niños, algo de lo que no podemos dudar, dada la profundidad de estas pequeñas piezas. Es interesante leer las palabras del mismo Robert en una carta a su mujer Clara, comentando la creación de estas Kinderszenen:  “Es quizás una respuesta inconsciente a lo que tú me escribiste hace algún tiempo (“A veces me pareces un niño”). Si es así, verás que a este niño le han salido alas, ya que ha escrito más de 30 pequeñas piezas y ha escogido una docena de ellas para reunirlas bajo el título de Escenas infantiles. Sin duda te gustará tocarlas, pero tendrás que olvidarte de que eres una virtuosa”. Significativo también este otro paso de otra carta del genio alemán a su Clara, hablando de las mismas opus 15 y 16: “Toca mi Kreisleriana a menudo. En algunos movimientos hay un amor salvaje, y tu vida y la mía, y cómo eres. Las Kinderszenen son todo lo contrario, dulces, amables y felices como nuestro futuro”

¿Qué expectativas tiene acerca de esta gira y especialmente de su debut en Lima? Es una gira que antecede su próximo debut en  febrero del 2011 en el gran Auditorio Nacional de Madrid con el Concierto Nº 2 de Sergej Rachmaninov

Tengo una ilusión enorme para este debut, que viene de mi gran curiosidad de conocer países nuevos y también de mi específico deseo de visitar  Perú, que me acompaña desde la infancia. Poder presentarme al piano es la manera más sincera para empezar un verdadero diálogo con un lugar nuevo y su gente. Un lujo, además, que el idioma pueda ser el universalmente reconocido, sin vínculos ni barreras: la Música. Otro debut será el de febrero en Madrid acompañado por la Orquesta de la Fundacion Excelentia, y con un Concierto de mis favoritos, además, el maravilloso Segundo de Rachmaninov. Otra gran emoción de la que desfrutaré mucho, no olvidando la suerte que hay en poder mirar al horizonte y saber que nos espera algo intenso y verdadero. Ser músico es también esto: la consciencia que ella nos acompañará siempre y nos regalará momentos inolvidables, vaya como vaya. (Por Pilar Flores D.)